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La Contratación de personal con salarios pactados a netos, un lastre para el empresario de Restauración.
Esta práctica que se ha ido llevando desde tiempos atrás, a día de hoy todavía no ha desaparecido.
Encontramos empresarios que siguen utilizando esta fórmula y que implica un aumento desmesurado en los costes de personal, cada vez que hay modificaciones en el impuesto de Retención de las Personas Físicas (IRPF).
Este tipo de contratación, ya sea por que el trabajador desea saber cuanto va a cobrar en líquido cada mes, implica que el empresario tenga que asumir las subidas de impuestos del estado por cuenta del trabajador.
Ciertamente es una situación peligrosa y que nosotros nunca recomendamos. La única alternativa u oferta salarial que se debe utilizar es el salario bruto anual.
Dependiendo de la situación familiar del candidato, hijos, edad, etc,... dependerá el tramo de retención fiscal aplicable. Aconsejamos pactar brutos y en función de sus características familiares, aproximar un valor neto asimilable.
Una vez acordado el salario bruto entra el factor pedagógico, básico y a veces dificil de comprender por parte del trabajador.
Es importante explicar claramente el salario inicial en base a un Salario Bruto, y con el IRPF actual, pero dejando muy claro que cualquier variación de tipos impositivos por parte del estado afectará directamente en el líquido a percibir,- en el caso que aumente el porcentaje, implicará una reducción del Líquido mensual a percibir, por contra una disminución del mismo repercutirá directamente en un incremento del salario neto.
Lo que ambas partes, tanto empresario como trabajador, han de tener claro, es que el empresario es un simple recaudador de impuestos del Estado por cuenta del trabajador, pero que en ningún caso es el que tiene que sufraguar dichas variaciones de tipo impositivo.
Era y todavía es habitual, que en los casos que se pactan salarios netos, el trabajador simpre reclama cobrar el mismo salario neto, con lo que el empresario tiene que asumir un incremento de costes salariales desorbitados y que realmente no son de su responsabilidad.
Estas prácticas implican un elevado coste salarial que a medio o largo plazo puede llevar al cierre de los establecimientos por falta de recursos y por una mala gestión en la contratación de personal.
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